sábado, 2 de diciembre de 2023


De repente sólo nos necesitamos para partir nuestros corazones y hacer nuestro arte más profundo.

Gracias por romperme.

Creo.











¿De esto se trata la vida?

Qué cansancio.

domingo, 21 de mayo de 2023

Me he sentido el sol


Alguna vez, una persona que estaba dispensando de mi compañía me dijo, paradójicamente, “tú eres el sol”. 


De pronto, todo comenzó a girar a mi alrededor. Desorbitadamente, desordenadamente y yo lo observaba suceder en soledad. Mientras, transitaba las emociones que cada astro en decadencia me provocaba. 


Me comenzaron a salir ojos de colores por todas partes. Todos lloraban por razones particulares y equivocadas.


Yo pensé que me iba a apagar. Que mis lágrimas iban a ahogar mis llamas, mis ganas, todo lo que soy yo. Que todo el sistema iba a colapsar, porque eso es lo que me estaba pasando. Irremediablemente. Yo era la única responsable de mí misma, eso me daba aún más pena. Eso me hacía llorar más, por varios ojos, y hacía que mi luz se atenúe con mayor rapidez.


Sólo tengo dos manos. ¿Qué ojos quiero tapar, si varios de ellos me muestran cosas que no quiero ver?


lunes, 1 de mayo de 2023

"Todo esto es porque hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego, mamá"

El vértigo de tu ausencia me tiene agotada.

El hueco hondo y oscuro de tu indiferencia me dificulta el café de las mañanas.

Mira cómo nos ha crecido el pelo.

El tiempo pasa y aprieta. Me desorbita los ojos.

Se me acaban las fuerzas para dejar de quererte.

Así a cualquiera se le revuelven las tripas.


sábado, 29 de abril de 2023

Luz

No pensaría dos veces en quebrarme el esternón si lo que necesitas es verlo con tus propios ojos.

Levantar ese telón, esa persiana de huesos, y que aplaudas. Lo que va a suceder, y está sucediendo, es un espectáculo que merece ser celebrado. Es un movimiento, de apariencia simple, que hace que giren emociones, impulsos, fotos imaginarias, olores, tus dientes, mis muslos, tus ganas, la prensa francesa. Mis fuerzas. Todo en, ¿un segundo? Y que veas cómo todo ese trayecto se repite. 


Que esa ruta repetitiva soy yo. 

Lo que me mantiene viva. 


Soy yo.


*Oscuro*

miércoles, 26 de abril de 2023

¿Será que sí?

Hoy pensaba que, cuando te escuché hablar, no te reconocí. Me había olvidado cómo es que sonaba tu voz en lo cotidiano. Te recuerdo siempre, tu imagen estática (mirándome, sonriéndome) está presente en mis pensamientos constantemente, pero tu sonido lo había perdido. Eso que es justamente lo que te identifica, lo había olvidado. ¿Será que ya está pasando? ¿Estaré ya más libre de tu sombra?

Pero luego pienso en mi cumpleaños. Tú no querías celebrar, querías celebrarme. Yo no te entendí, lo siento tanto. Pienso que es el momento en el que yo ya debería haber dejado de "idealizarte" y leo y leo y busco y busco... Todos los mensajes relacionados a vínculos finitos, a razones por las que necesita uno liberarse, me suenan lejanos. Me son ajenos. ¡Esto no es! No, ¡esto tampoco es!

Esto sí es. La verdad cruda y podrida es que, aunque yo sienta/crea/piense lo contrario, aunque yo me marchite buscando razones, no encuentro ninguna lo suficientemente decente como para decir:

- Sí, esto se tenía que acabar. Qué bueno que acabó.

-      Qué bueno que acabó.

-             Qué bueno que fue para siempre. 

Tú quizás la sabes y por eso la incertidumbre no hace que se te revuelvan los intestinos de nuevo.

Yo tengo los sesos cocidos de puro sobrepensar. ¿Seré sólo yo? ¿En qué estarás pensando tú? ¿Ya comiste?

¿No me quieres dar un último abrazo?

Abrázame bien, no como perrito asustado. Así no se despiden dos personas que se han querido tanto. ¿O  es que yo jamás había querido así? 

Sabrás, tengo más preguntas que pecas en los hombros.



domingo, 2 de abril de 2023

"Ti" no lleva tilde

Estabas sentado con un pijama amarillo. Yo estaba recostada en un mueble, como un futón. Tú me dabas la espalda y a mí me daba mucha pena que no quieras mirarme, pero decidí pasarlo por alto. Como ahora, que te paso por alto activamente porque así lo he decidido. Además, el amarillo es un color horrible.

De pronto, viniste y te echaste a mi lado, con medio cuerpo encima mío. Me miraste a los ojos. Los cerraste y acercaste tu cara a la mía. Yo no entendía nada, mi corazón lo entendía todo. Cuando toqué tus mejillas con mi nariz, suspiraste, y dijiste "mi vida". "Bienvenido a casa", pensé, pero no lo dije.

Sonó el despertador. Pospuse la alarma e intenté regresar al futón, pero no lo logré. En la vida real jamás me has dicho así, al menos que yo recuerde. Igual, hubiese sido mentira, ¿no? ¿Qué otras mentiras me has dicho, mi vida?

El amor no es suficiente. Te lo dije y te lo repito, no lo es. Nosotros teníamos más que eso, pero tampoco fue suficiente. ¿Lo fui yo?

miércoles, 29 de marzo de 2023

Suficiente

Todo este tiempo estuve viendo por la ventana, pensando que ibas a aparecer. Estaba lista para la sorpresa, para la redención. Para las disculpas. 

A mí me gusta esperar, honestamente. Eso creía, hasta que me di cuenta que es encontrar la comodidad en la ansiedad y que no es saludable para mí. ¿Cuál es la diferencia entre "ansias" y "ansiedad"? ¿Las ansias causan la ansiedad? Qué es la ansiedad, es que no entiendo. A mí me pasa que me comienzo a inventar muchas cosas, intentando con todas mis fuerzas hacer que tengan algún sentido lógico en mi cabeza y al mismo tiempo que esté confirme con mis emociones. 

Qué humillante es estar esperando que entres con un girasol y me digas que todo está bien. Que estás mejor y que me quieres contigo. Me avergüenza muchísimo todavía pensar en esa imagen, la misma imagen que ese día en Metro, pero en la vida. No para comprar fideos, sino para armar un proyecto en conjunto. Contigo, junto a ti.

lunes, 20 de marzo de 2023

En mi balcón, luna

¡Cuánto tiempo ha pasado! ¡Cuántas cosas nos han pasado, también! Y como yo, la gran cantidad de veces, pienso en qué escribir, qué decir y en decirlo bonito… Ya no quiero tanta restricción. Quiero dejar de pensar tanto y contar, soltar, algunas frases que se me han pasado por la cabeza. Nonna Iris, te has muerto. A veces me olvido que te moriste, aunque me ponga tu ropa. Pero tengo fotografías mentales que me mueven el corazón. Daniel, ¿tú también te has muerto? Porque de tu muerte sí me acuerdo constantemente, a pesar que no sé si sea una certeza o si es mi imaginación. Al principio no podía escuchar música porque, de pronto, el instrumento más feliz me hacía llorar. Una tarola nunca sonó tan triste. Las verduras se cortan con cuchillos sin filo. La comida la sigo preparando yo, pero sabe más feo. Las plantas se secaron, pero hay rizos en las flores. En sus raíces. Todavía veo tus colores y huelo tus olores. Éramos felices y lo sabíamos. ¡Qué suerte tuvimos de saberlo! Nos quisimos y también lo supimos. Nos extrañamos tan duro que te moriste y yo tuve que aprender a conocer el mundo sin los cafés a las 2 de la mañana. Sin la libertad que me regalaste y que me quitaste cuando me soltaste la mano. Y ahora no hay cortina azul, ni malecón, ni Señorita, ni balcón que me haga sentir como antes. Ni llanto ni dolor ni tristeza ni preocupación. Ni fe. Ni claveles. Ni cielos celestes haciendo que pongas los ojos chinitos y pensar que seguro es por eso que te quiero tanto. Por afilar los cuchillos y calentar la comida en olla. Por bajar la tapa y no dejarme entrar al baño (a veces, aunque yo te quería acompañar). Manejar las ansias de no perderme ni un minuto de ti. Verte poniéndote las medias y pensar que jamás he visto cosa tan hermosa, tan perfecta para mí. Y pensar en qué he hecho bien para merecer tu mano entrelazándose con la mía. He hecho cosas malas, pero seguro varias buenas también. Entendías mis chistes, hasta los crueles (que no se repiten). Y de pronto, te moriste. Y no te puedo velar ni con lentejas porque ahora no saben igual. Ya no me acuerdo cómo se hacían, pero sigo tendiendo la cama. Es una buena forma de comenzar el día. ¿Cómo te trata el más allá? Intento pasar rápido para no verte como un fantasma por la que era nuestra casa. No quiero que me asustes, aunque ya sé que los fantasmas no existen. O eso creía. Ahora los fantasmas cantan y hacen ejercicio. ¿Se habrán olvidado que ya no están en el mismo lugar? ¿Sabes dónde estás? ¿No me habré muerto yo? Por esa necesidad que tengo de recordar las últimas veces, digo. Nuestro último beso, ¿cuándo fue? La última vez que lloré fue hoy y se sintió bastante real, no sé. El agua se siente fría y el kion ácido. El dolor de panza también, pero… De repente el fantasma soy yo. Y ahora puedo pasar más lento en la bicicleta porque soy transparente. De repente los dos nos volvimos fantasmas, aunque uses mi ropa. 

viernes, 17 de marzo de 2023

Entrar en razón

No es necesario despedirse cuando uno se enamora de la persona que va a volver. 

Quiero ponerle tu nombre a cada una de mis canciones, hasta las que todavía no escribo.

Quiero regalarte cada una de mis noches, hasta esas en las que no quiero respirar más.

Disfruto mucho los insomnios contigo. Compartir mis desvelos es de lo más maravilloso. 

Duermo mucho, me dices. Estoy de acuerdo, pienso. Y te digo que no pienso como tú. Yo casi no descanso y descansar contigo es un regalo divino que nunca supe recibir.

Me pongo pijama, me siento en mi cama, cruzo las piernas. Relajo los brazos. Huele a gasolina de 95 y estoy pensando en cual sería la selección apropiada de música. Eso era lo tuyo. La elección, porque la música es lo mío. Es mi cosa. Esperar también es mi cosa, olvidar es la tuya. Hacer como si te olvidaras, corrijo. Olvido a elección, me dices, y yo no tengo nada que aportar. 

Cada vez que sale un pensamiento de mi cabeza se relaciona contigo hasta cuando decido conscientemente que no vas a participar. Que estoy escribiendo en mi libreta cualquiera, con un lapicero sin tapa, rayando, sobre escribiendo, salteándome párrafos. Así pienso, así escribo. Y tú estás en cada palabra y en cada pensamiento, hasta cuando pienso que no quiero pensar en ti. Fracasé.

Es tan hermoso fracasar contigo.

Siento la textura de tu cara en la yema de mis dedos. Veo tus arrugas de alegría (o de póker face). Admiro cada parte de tu cuerpo y de sus cambios y no soy fanática de todos tus gestos. Pero aún así te eligiría mil veces.

Tomemos una cerveza mientras jugamos a la peluquería. Yo puedo hacer como si nada fuese tan relevante y tú puedes seguir pensando que tienes que hacer puntos para mí. Es el status quo que construimos y en el que nos encantamos mutuamente. En el que seguimos luchando por agradarnos y por nuestras respectivas atenciones. 

La mía ya la tienes.

Siempre la tuviste.

Hago como si no te hubiese visto, pero te veo en todas partes. Y me siento con el café cargado en la taza de Jack Skellington y pienso por qué no hay un día en el que no entres mi mente. En pensar qué es lo que hice para fallar tanto. Quizás estaba yendo acierto tras acierto o quizás es tu armadura. Tu cara predeterminada a mi presencia. Las conversaciones aparentemente ligeras donde se dice todo lo que no es importante. Donde nos mostramos nuestros secretos y cuánto nos valoramos. Vida o muerte. Cara o sello. Beso en la boca o en la frente. Personal o impersonal. Vivimos hundidos en estrategias que no nos dejan ser honestos con lo que tenía *te amo* planeado decirte. Quería contarte que *te amo* me pareces un egoísta de mierda. Que *te amo* me molesta que tu forma de solucionar sea desaparecer. No puede ser que tanto *te amo* tiempo nos sea tan indiferente como la cena de hace dos semanas. *Te amo*. Ya no sé qué más necesitas escuchar. O leer.

No quiero un futuro contigo, nuestro pasado es un cimiento que agradezco, pero quiero un presente. Con tus sacos largos y cómodos y tus zapatillas caras. Las piso mientras me invento todo el tiempo que hemos pasado juntos. Quiero hacerte una trenza francesa para pasear por la calle de la mano. Que nos vean y les sonriamos. Yo no cocino pero por ti puedo hacer un esfuerzo. Por ti reduciría mis horas de sueño a horas de compañía. A un vino. A contarte lo que he visto. A qué me cuentes con quien te peleaste *te amo* para hacerte entrar en razón.

Qué difíciles somos. 

La última vez que le regale mi corazón a alguien me dolió tanto que lo agradezco hasta hoy. Y yo no pensaría dos veces en abrirme el esternón y separar mis costillas en dos partes y que lo veas. Que veas como un órgano vital late y hace que giren sentimientos, emociones, impulsos, fotos imaginarias, olores, tus dientes, mis muslos, tu carta, Jackson Pollock, quinua con salmón. Todo en, ¿un segundo? Que veas como todo ese trayecto se repite. Que sepas que puedes hacer con eso lo que quieras y que es tan importante que lo valores de verdad. Que esa ruta repetitiva soy yo. Mi corazón. Lo que me mantiene viva. Soy yo. Frente a ti.

Siento que me voy a ir sin verte y eso me partiría órganos vitales en varias partes para regalárselas a los perros. Los caprichos engordan. Tú me llenas. Me abrazas en los sueños. En cada abrazo que recibo están tus brazos y por eso no ofrezco ninguno. Creo que ya no lo querías más. 

lunes, 25 de enero de 2021

El fondo

El parlante de mi computadora se ha malogrado, pero lo bueno es que me siento mejor. Aunque yo también quería sushi, pero así estoy mejor. Lejos de ti.

Pensé en escribir música y desistí en el momento preciso de hacer mis deseos efectivos. Había dos personas en el mundo que creían fervientemente en mí y una de ellas eras tú. Eras tú.

Días como hoy me hacen pensar cómo una foto puede detonar tanta mierda. Yo estaba bien, asumo que tú también. Y veo sushi. Y veo que la vida sigue. En parte me alegro, porque no te obligo a que se detenga. Qué bueno que la vida siga en medio de una pandemia terrible. Estoy orgullosa porque yo también sigo, con los ojos cerrados y comida recalentada, pero sigo con mucha fe.

Esta es la maldición de ver la parte buena de las cosas. No es una suerte, es un optimismo sin cimientos. Optimismo por supervivencia. Es ver cómo se te acaban los ahorros y pensar que habrán tiempos mejores, que siempre "podría ser peor". El fondo lo conozco así como cada una de las pecas de mis hombros. Es mi refugio. Llego, saludo, me siento, leo un libro, veo hacia arriba con nostalgia. Estoy cómoda en el fondo. Me siento aliviada. De repente, ese es mi lugar. Sentada en un cómodo mueble, con un café caliente, viendo una luz sobre mi cabeza que me da esperanza en que las cosas sólo pueden mejorar. Suspiro. Cruzo las piernas. El café estaba muy caliente.



Páginas en blanco

Me compré lapiceros nuevos y, cuando los quise usar, no sabía qué hacer. ¿Cómo se escribe? ¿Cuál es la danza de los dedos? ¿Cómo es esto del contacto con el papel? Contacto que hemos perdido.

Ahora tengo un montón de lapiceros y no sé para qué. Me puse a hacer un castillo que se cayó mil veces. Mil veces lo volví a construir, yo no me canso. Total, el tiempo me sobra y tampoco quiero estar por allí haciendo cosas peligrosas. Como pensar, por ejemplo. ¿Te acuerdas cuando me querías?

El problema es que no se enganchan unos a otros. Las cartas tampoco, pero pesan menos, de repente por eso es que se mantienen en pie. Esas conversaciones largas en las que tú y yo mirábamos la misma luna en diferentes lugares no me las voy a olvidar nunca. 

De repente son las tapas. Aunque la punta tampoco ayuda. Voy a dibujarlo, mejor. Voy a dibujar un castillo tan grande, tan alto, con tanto detalle como el Castillo de Chapultepec. Hay que caminar, pues, las cosas bonitas necesitan esfuerzo. Este dibujo me va a tomar un montón de tiempo.

¿Cómo estás? Me he olvidado de escribir. En el milésimo intento, me acordé que tampoco sé dibujar. Qué hacemos, es lo que hay. Un montón de lapiceros de colores que ocupan el espacio de tu ausencia. 


lunes, 5 de noviembre de 2018

Siempre escribo y me invento el título después

Me has dado un dolor de estómago. Como punzadas que no se sienten ni de cerca como las mariposas que alguna vez sentí al imaginarte bailando. Flotando en un lugar que no sé cuál es, pero que en otra dimensión tiene todo el sentido del mundo. Ligero, curva aquí, vuelta allá y te convertiste en un espectáculo. Yo te aplaudo de pie haciendo un montón de bulla.
Igual de cuando en cuando tus apariciones me dan ideas para seguir escribiendo. Por un lado, te agradezco porque me mantienes con vida. Con palabras. La muerte es un cambio de estado, nada más. No hay que andar con tanto miedo. Hay que vivir con dignidad, pero uno la va perdiendo cuando va dejando pedacitos de sí mismos en diferentes lugares. Se convierte en una necesidad. En una foto, en una hoja en blanco, en un objeto o en un blog. Es como dejar un poquito de alma. Como tenerle miedo a que nos olviden.
Nosotros nos sabremos muertos cuando nadie recuerde que compartimos el mismo cielo gris. El aire que respiramos ya no será más aire sino más bien polvo de muertos. Los humanos del futuro van a estar respirando muerte y al mismo tiempo cagados de miedo de morirse. Más o menos como ahora, tan despistados como negligentes.
Me gusta la idea de irte marcando el tempo mientras te mueves. De ponerle música a tu danza tan libre. Es hermoso observarte hasta cuando te detienes. Cada segundo constato que tu belleza radica en tu capacidad de ser impredecible. Segundo y medio después, me contamino de duda. Estoy todo el tiempo atenta a tus cambios de tonalidad. Me provocas muchos matices de rojo cuando cierro los ojos. Mis córneas se rinden frente a mi doctorado en invención sin oponer resistencia.
Si tuviera que rebautizarte te nombraría "Alegría De Vivir". Las razones me las reservo. Hoy la luna se escondió casi del todo y yo me perdí en un mar de gente. Muchas personas con máscaras de piel y hueso me quitaron el norte. No reconozco estos pies. Estas yemas de los dedos tienen un código diferente. Sin embargo, conozco este espacio perfectamente.
¡Mis sueños! - gritó "Alegría De Vivir" - ¡cuáles eran mis sueños!.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Yo sólo quería un amor para querer

Estuve pensando que quizás estuve equivocada estos últimos meses. En mis alucinaciones, yo divagaba en respuestas directas. En varias, distintos escenarios, mismos personajes, diferentes conflictos. Tanto tiempo en tinieblas me han hecho entrar en razón. Vi la luz. Quizás no quiero quererte, de repente sólo quiero querer.
Estoy cavando hondo y no sé a dónde me va a llevar. ¿Serán las ganas de querer? ¿Será que sólo necesito un abrazo? ¿Qué pensará mi psicoanalista?
Hoy llegué a mi terapia y mi manifiesto fue "creo que estoy deprimida". Y lloré lo que no había llorado en varios días. Cada vez que pienso, que "me pienso" (aunque es erróneo porque la gente no "se" piensa a sí misma, pero es una metáfora de esas que nadie entiende) diciendo la frase que dije hoy en la mañana, me entran ganas de ponerme a llorar como cuando escucho la canción que me regaló Spotify en el descubrimiento semanal del lunes pasado. Cómo pegué de alaridos hoy en la ducha. Hace tres días que no me bañaba.
Que me abrace el viento. Que la gravedad me proteja. En el nombre del fuego, del agua y del monóxido de carbono. Que alguien me salve de la instantaneidad y de la resolución ínfima, concreta, inmediata, de los problemas. Quiero taparme hasta el cuello aunque haga calor. Quiero sentir el vértigo de la naturaleza. El vértigo de tus latidos cerca a mi corazón. No hay nada más puro que la naturaleza del romance.
Pero qué se yo del amor, si soy un fracaso. Cuando me leí el café me dijeron que la apertura, que la letra A, que el amor ya estaba comprando puchos en la tienda del grifo.
Hoy me levanté bailando flamenco. Hay días que me sorprenden con un disfraz distinto. Abro mi clóset y está lleno de vestuario. ¿Qué queremos ser hoy?
Entonces regreso a mi cama. Bailando ballet. Y me quedo dormida escuchando a Tchaikovsky. Mi compositor favorito. Suena a persona, a carácter, a dulzura.
No me baño hace tres días. La naturaleza.
Un día a la vez.

miércoles, 10 de octubre de 2018

En mi balcón, primavera

Han pasado tres meses desde que no paso por aquí. Qué sorpresa tan agradable.
Me gusta muchísimo escribir. Es una de las cosas por las que mi papá se enorgullece mucho.
Él cree, realmente, que soy una persona bastante inteligente. Él cree, realmente, que soy una mujer con mucho talento.
A veces me sorprende de la verdad que puedo ganar (o de lo bien que se mentir).
Tengo problemas para dormir. Otra vez. Creo que estoy triste y por eso vuelvo.
A veces necesito sentirme triste para darme cuenta cuándo estoy disfrutando del momento. Porque, luego, comienzo a pensar. En mí, en ti, en todos ustedes queriendo verme feliz. Se los agradeceré de por vida.
Me pongo a pensar qué estoy haciendo acá y por qué me encanta hacer el papel de la inteligente o de la bruta.
3
2
1
Action.
Las ideas se van desperdigando sobre el suelo de una forma casi meticulosa para luego colgarse en un cuadro invaluable. ¿Cómo te habrás sentido, Jackson?
Qué angustia estar parada donde estuvo uno de tus cuadros. Trágica tu muerte, gran legado.
¿Seré así cuando me muera?
Por favor, Diana, de verdad te pido que cierres todas mis redes sociales. Por favor, no era una broma. No quiero llantos, no quiero penas. Acuérdense de mí cuando estaba brillando. Acuérdense de la luz.
Alguien pensará "a Joaquina le hubiera gustado esto" o "Joaquina necesitaba postre" o "Joaquina nunca respondía el celular" o "Joaquina nunca se independizó" o "pobre Joaquina, no lo consiguió" o "Joaquina era bien graciosa" o "Joaquina leía un montón" o "no hablo con Joaquina hace como dos años" o "Joaquina era bien buena". Esas cojudeces con las que uno engrandece a las personas cuando ya no te pueden escuchar.
Una vez me enteré de un tipo que pudo, porque lo consiguió, desaparecer. Un buen día, salió de una pichanga y no lo volvieron a ver. Un pendejo, cómo lo habrá pasado su familia. Un buen día, a este tipo se lo traga la tierra y aparece en Grecia 5 años después, casado, con un hijo. Con otro nombre, trabajando en cualquier cosa. Feliz. Qué pendejo, cómo lo habrá recibido su familia. Yo lo mando a la mierda y después lo abrazo. O al revés. Cuestión es que hago notar mi molestia y luego mi amor.
En la vida real, yo hago notar mi indiferencia, luego hago notar mi amor y luego me trago mi molestia con una cerveza caliente.
Hoy, 10 de octubre, constato que las personas no estamos listas ni para escuchar la verdad ni para generar empatía ni para discutir sobre emociones. Hoy, 10 de octubre, constato que "sentir" no es algo de lo que necesitemos para seguir viviendo.
El bolo alimenticio, en mi caso, se trata de palabras atracadas en un sistema equivocado. La digestión del pensamiento es algo que deberíamos permitirnos hacer todos los días. En vez de eso, espero que sea de madrugada para llorar un poquito. Con justa razón.
Mi casa está llena de flores de varios tipos, que me hacen sonreír en las mañanas. El sol me deja las mejillas rojas, pero cada peca nueva me hace sentir mejor. Un poco de vitamina algo. Las vitaminas están bien.
Vamos a estar bien.


jueves, 19 de julio de 2018

En mi balcón, papel

Hace dos días tuve una pataleta que terminó llenando de palabras una obra de las que se archivan en la carpeta "teatro". No se piensan como montaje porque, bueno, soy yo renegando. Quién pagaría por ver una obra escuchándome renegar.
Ahora me siento peor. Me duele que me mientan y sólo basta prender el televisor. No sé cómo pasó pero terminamos con falsos argumentos clavados en el tuétano. Argumentos ningunos.
Hace tres días me quedé dormida en la lavandería esperando encontrar sueño entre tanta mierda. Me dio migraña y se me contracturó el cuello. Así resulta una de arruinada cuando ves que los cimientos se hacen arena.
La gravedad me hace hundirme en el suelo. Me estoy dejando llevar. Mis oídos están tapados, ya no entra nada más que mis ideas.

Ahora sí quiero salir.

Sáquenme.

Alguien sálveme de las ideas.

martes, 19 de junio de 2018

Había una vez

Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
caminé desde el malecón
me dolían los pies
no eran los zapatos
eran los pasos
era la distancia
las curvas larguísimas
que no acababan
era una cita algo incómoda
pero yo seguía allí
siempre estoy y no sabe
creo importante la cita
te digo un secreto
Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
que era interesante
había leído más que yo
conocía más música
y yo lo escuchaba
atónita lo seguía
a no sé dónde
cuánto lo admiré
mucho conocimiento
bastante ignorancia
en las conversaciónes
Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
había charcos en la pista
y yo no sabía qué decir
entonces salté y salpiqué
un poco de mi alegría
algo de agua sucia
angustia también
le cayeron gotas a él
no sé por qué te cuento que
Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
era guapo y sabía cosas
que yo no sabía
y yo lo veía como loca
lo miraba con atención
me amarré el pelo
me hice una trenza
no sé si se dio cuenta
quería un abrazo
y me quité la casaca
me preguntó si tenía frío
claro, pensé, está lloviendo
no, le dije, tengo calor
ah, ya, responde, sigue
caminando hablando
de cosas que yo no entiendo
que me gustan escuchar
Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
porque no se dio cuenta
de nada, ni del clima
ni del cliché ni del hambre
ni del desconcierto ni de mí
le quise decir pero para qué
si al final no quiero rosas
Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti
que vive en soledad
de espacio y de cariño
cuanto amor le quería dar
qué barrera tan grande
armaduras tan brillantes
limpias pulcras así es
así vive en paz

Ayer salí con un chico
que me hizo acordar a ti

porque no eras tú

miércoles, 6 de junio de 2018

Tarjeta de presentación

Quisiera presentarte a Borja. Prestemos atención con que es "alguien", es decir, tiene un nombre, una energía, un pasado y un presente que nunca será futuro. Siempre está, sólo que conoce más que tú, lector, y que yo, escritora. Es alguien que trascendió y que compartió muchísimo.
Borja es como la falta de azúcar, y eso me parece injusto aquí y en la China. Tiene un sabor amargo, un gusto adquirido, como el olor a café por la mañana. Como el segundo, tercer cigarrillo. Esos que generan la adicción. Es un gusto que sabes que en un momento te hizo daño, pero lo quieres tanto, te hizo crecer tanto, aprender tanto. 
Un día lo tomé de las manos y tuve que explicarle. Tuve que decirle todo lo que significaba para mí. El dolor. La angustia. La felicidad. El dolor. La lejanía. El cambio. El dolor. El amor. La culpa. El dolor. Todo eso se lo expliqué, tomándolo de las manos, mirándolo al alma. Asintió con el corazón que palpitaba tan poquito, con mucha determinación. Yo me moría de miedo, pero entendió. 
Le agradecí tanto que me dio dolor de estómago. El estaba bien. Me regaló una rosa naranja y en ese momento supe que teníamos que despedirnos. Era el momento de separarnos y yo no sabía si quería dejar que se vaya. "Quiero que te quedes tanto como quiero que te vayas", le dije. Sonrió. Apretó mis manos muy fuerte, me abrazó y sonrió de nuevo. No me dijo nada, pero enseguida supe que iba a estar para toda la vida. Volteó y se fue caminando al lado contrario, con mucha paciencia, paz, lento, el alma muy abierta y los ojos bien cerrados. Desde la espalda lo sentía sonreír.
La sangre corría por mis manos y las lágrimas por mis mejillas. Ambos líquidos tibios. Ahora sé que cada vez que sienta que me aborda el llanto vas a estar tú, Borja, saliendo de tu escondite para darme calma.
Qué bonito nombre tienes.

martes, 22 de mayo de 2018

En el balcón, cualquiera

Yo pensaba que eras un huevón cualquiera. Luego me di cuenta que albergabas varias caras. Varias almas. Cómo vamos a ser, tú y yo, ser, si no sé con quién estoy hablando. ¿Hay explicación o mejor nos tomamos otra cerveza?
Yo pensaba que eras una persona rara como yo. Gente así no se encuentra en cualquier bodega, no se compra. Porque su trascendencia no tiene precio. ¿Sabes cuánto vales? Yo tampoco. Mucho, seguramente. Toneladas de paltas en containers por exportar. O espárragos. Eso es bastante.
Yo pensaba que tenía a alguien especial al frente, cruzando la calle. La verdad, me acordé de la Madre Toña en el colegio que me decía que para el Santísimo, en el que ya no creo ni en pedo, todos éramos especiales. Entonces dejaste de ser importante y pasaste a ser uno más en búsqueda de su propia identidad. Como yo. Como todos. Eso es más común que la mierda.
Yo pensaba que el amor de mi vida me iba a encontrar. Qué gracioso que me desentendí de todo. "Me iba a encontrar". Mientras, ¿qué? ¿Y mientras qué? ¿Veo tele? ¿Leo algo? ¿Me como un algodón de azúcar? Básicamente, mientras, espero, pues. Qué más iba a hacer.
Al final la huevona cualquiera era yo. Sentada en un balcón que nadie encuentra esperando que alguien me encuentre.

miércoles, 9 de mayo de 2018

En mi balcón, historia

Me encanta fantasear con amores que no existen. No los de novela, para eso prefiero quedarme soltera. Y todo bien. Mi soltería es mi soltería. Ni la tuya, ni la suya, la mía. 
Entre cariño y cariño hay un bache. Un orificio enorme de información perdida por elección. ¿Cómo te llamabas?
No me digas, no me importa. Es decir, sí me importa. Me importa más de lo que piensas. Sólo que este hueco de datos es más rico que tu nombre. ¿Podemos dejarlo así? Prefiero así.
En ese momento comienzo a escribir la novela tuya y mía. Me invento cómo nos conocimos, le agrego un poco de tabasco al asunto, y me imagino cuándo nos vamos a mudar juntos. Yo duermo a la derecha. Y quiero un balcón. Tómalo en cuenta cuando apuntes los números de los "alquilo" en las calles ruidosas. 
Ahora.
No cuando decidas que me quieres, ahora. Ahora de "en este momento", ahora. Ahora de "ahorita", ahora. El diminutivo no lo hace menos importante, corazón. Le pone más cariño, nada más. Más olor a jazmín por las noches.
Lo que más me gusta de ti es tu forma de vestir. Tan importante e insignificante. Tanto que ni me acuerdo cómo te vistes, honestamente. Lo que más me gusta de ti es la manera que tienes para sonreírme sin mirarme. Como si me dejaras pistas para que adivine. Lo que más me gusta de ti es que eres libre, como yo, como debería ser el mundo. Que somos libres juntos. Hoy es lunes y hay que cantar el himno. Mentira. Fumemos un poquito y veamos las noticias, ¿a cuántas habrán violado hoy?
Ya me aburrí. Otra cosa. Otro plan. Caminemos hasta que nos salgan ampollas en los pies. No importa hacia donde, avancemos hasta que no haya calle. Crucemos donde no hay línea de zebra. Cantemos. Hasta el culo, cantemos, cualquier cosa. Lo que quieras.

Y si algún día te acuerdas de mí
recuerda que yo te quise tanto
Y tú sin piedad, te fuiste de mí
Sabiendo que te amaba, me pagaste mal

Ya sabrás que esta es una de mis preferidas. Pegando de alaridos te has enterado, entonces. Bien que te la sabes de memoria. Te toca. Elige tú. Pero decide mientras bailas. Mientras te mueves, comienza.



What I like about you
You really know how to dance
When you go up, down, jump around

Think about true romance, yeah


Bien. No se puede escuchar eso sin sonreír aunque me falte un diente. Ya, a este punto, me vale madre. Qué aullidos. Qué tiene. Qué importa. Seamos libres juntos hasta que dure lo que sea que es esto. Un shot de tequila. Un hit de hierba. Un tequeño con guacamole. Un beso en la barra. 




Mejor

Nos hacemos los ciegos. Tú y yo. Pero hoy me acuerdo desde qué tomaste hasta qué tenías puesto. 
Mentira.
No me acuerdo.
Pero me tocaste la mano.
Eso es suficiente.
Eres suficiente.