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viernes, 17 de marzo de 2023

Entrar en razón

No es necesario despedirse cuando uno se enamora de la persona que va a volver. 

Quiero ponerle tu nombre a cada una de mis canciones, hasta las que todavía no escribo.

Quiero regalarte cada una de mis noches, hasta esas en las que no quiero respirar más.

Disfruto mucho los insomnios contigo. Compartir mis desvelos es de lo más maravilloso. 

Duermo mucho, me dices. Estoy de acuerdo, pienso. Y te digo que no pienso como tú. Yo casi no descanso y descansar contigo es un regalo divino que nunca supe recibir.

Me pongo pijama, me siento en mi cama, cruzo las piernas. Relajo los brazos. Huele a gasolina de 95 y estoy pensando en cual sería la selección apropiada de música. Eso era lo tuyo. La elección, porque la música es lo mío. Es mi cosa. Esperar también es mi cosa, olvidar es la tuya. Hacer como si te olvidaras, corrijo. Olvido a elección, me dices, y yo no tengo nada que aportar. 

Cada vez que sale un pensamiento de mi cabeza se relaciona contigo hasta cuando decido conscientemente que no vas a participar. Que estoy escribiendo en mi libreta cualquiera, con un lapicero sin tapa, rayando, sobre escribiendo, salteándome párrafos. Así pienso, así escribo. Y tú estás en cada palabra y en cada pensamiento, hasta cuando pienso que no quiero pensar en ti. Fracasé.

Es tan hermoso fracasar contigo.

Siento la textura de tu cara en la yema de mis dedos. Veo tus arrugas de alegría (o de póker face). Admiro cada parte de tu cuerpo y de sus cambios y no soy fanática de todos tus gestos. Pero aún así te eligiría mil veces.

Tomemos una cerveza mientras jugamos a la peluquería. Yo puedo hacer como si nada fuese tan relevante y tú puedes seguir pensando que tienes que hacer puntos para mí. Es el status quo que construimos y en el que nos encantamos mutuamente. En el que seguimos luchando por agradarnos y por nuestras respectivas atenciones. 

La mía ya la tienes.

Siempre la tuviste.

Hago como si no te hubiese visto, pero te veo en todas partes. Y me siento con el café cargado en la taza de Jack Skellington y pienso por qué no hay un día en el que no entres mi mente. En pensar qué es lo que hice para fallar tanto. Quizás estaba yendo acierto tras acierto o quizás es tu armadura. Tu cara predeterminada a mi presencia. Las conversaciones aparentemente ligeras donde se dice todo lo que no es importante. Donde nos mostramos nuestros secretos y cuánto nos valoramos. Vida o muerte. Cara o sello. Beso en la boca o en la frente. Personal o impersonal. Vivimos hundidos en estrategias que no nos dejan ser honestos con lo que tenía *te amo* planeado decirte. Quería contarte que *te amo* me pareces un egoísta de mierda. Que *te amo* me molesta que tu forma de solucionar sea desaparecer. No puede ser que tanto *te amo* tiempo nos sea tan indiferente como la cena de hace dos semanas. *Te amo*. Ya no sé qué más necesitas escuchar. O leer.

No quiero un futuro contigo, nuestro pasado es un cimiento que agradezco, pero quiero un presente. Con tus sacos largos y cómodos y tus zapatillas caras. Las piso mientras me invento todo el tiempo que hemos pasado juntos. Quiero hacerte una trenza francesa para pasear por la calle de la mano. Que nos vean y les sonriamos. Yo no cocino pero por ti puedo hacer un esfuerzo. Por ti reduciría mis horas de sueño a horas de compañía. A un vino. A contarte lo que he visto. A qué me cuentes con quien te peleaste *te amo* para hacerte entrar en razón.

Qué difíciles somos. 

La última vez que le regale mi corazón a alguien me dolió tanto que lo agradezco hasta hoy. Y yo no pensaría dos veces en abrirme el esternón y separar mis costillas en dos partes y que lo veas. Que veas como un órgano vital late y hace que giren sentimientos, emociones, impulsos, fotos imaginarias, olores, tus dientes, mis muslos, tu carta, Jackson Pollock, quinua con salmón. Todo en, ¿un segundo? Que veas como todo ese trayecto se repite. Que sepas que puedes hacer con eso lo que quieras y que es tan importante que lo valores de verdad. Que esa ruta repetitiva soy yo. Mi corazón. Lo que me mantiene viva. Soy yo. Frente a ti.

Siento que me voy a ir sin verte y eso me partiría órganos vitales en varias partes para regalárselas a los perros. Los caprichos engordan. Tú me llenas. Me abrazas en los sueños. En cada abrazo que recibo están tus brazos y por eso no ofrezco ninguno. Creo que ya no lo querías más. 

lunes, 5 de noviembre de 2018

Siempre escribo y me invento el título después

Me has dado un dolor de estómago. Como punzadas que no se sienten ni de cerca como las mariposas que alguna vez sentí al imaginarte bailando. Flotando en un lugar que no sé cuál es, pero que en otra dimensión tiene todo el sentido del mundo. Ligero, curva aquí, vuelta allá y te convertiste en un espectáculo. Yo te aplaudo de pie haciendo un montón de bulla.
Igual de cuando en cuando tus apariciones me dan ideas para seguir escribiendo. Por un lado, te agradezco porque me mantienes con vida. Con palabras. La muerte es un cambio de estado, nada más. No hay que andar con tanto miedo. Hay que vivir con dignidad, pero uno la va perdiendo cuando va dejando pedacitos de sí mismos en diferentes lugares. Se convierte en una necesidad. En una foto, en una hoja en blanco, en un objeto o en un blog. Es como dejar un poquito de alma. Como tenerle miedo a que nos olviden.
Nosotros nos sabremos muertos cuando nadie recuerde que compartimos el mismo cielo gris. El aire que respiramos ya no será más aire sino más bien polvo de muertos. Los humanos del futuro van a estar respirando muerte y al mismo tiempo cagados de miedo de morirse. Más o menos como ahora, tan despistados como negligentes.
Me gusta la idea de irte marcando el tempo mientras te mueves. De ponerle música a tu danza tan libre. Es hermoso observarte hasta cuando te detienes. Cada segundo constato que tu belleza radica en tu capacidad de ser impredecible. Segundo y medio después, me contamino de duda. Estoy todo el tiempo atenta a tus cambios de tonalidad. Me provocas muchos matices de rojo cuando cierro los ojos. Mis córneas se rinden frente a mi doctorado en invención sin oponer resistencia.
Si tuviera que rebautizarte te nombraría "Alegría De Vivir". Las razones me las reservo. Hoy la luna se escondió casi del todo y yo me perdí en un mar de gente. Muchas personas con máscaras de piel y hueso me quitaron el norte. No reconozco estos pies. Estas yemas de los dedos tienen un código diferente. Sin embargo, conozco este espacio perfectamente.
¡Mis sueños! - gritó "Alegría De Vivir" - ¡cuáles eran mis sueños!.

miércoles, 10 de octubre de 2018

En mi balcón, primavera

Han pasado tres meses desde que no paso por aquí. Qué sorpresa tan agradable.
Me gusta muchísimo escribir. Es una de las cosas por las que mi papá se enorgullece mucho.
Él cree, realmente, que soy una persona bastante inteligente. Él cree, realmente, que soy una mujer con mucho talento.
A veces me sorprende de la verdad que puedo ganar (o de lo bien que se mentir).
Tengo problemas para dormir. Otra vez. Creo que estoy triste y por eso vuelvo.
A veces necesito sentirme triste para darme cuenta cuándo estoy disfrutando del momento. Porque, luego, comienzo a pensar. En mí, en ti, en todos ustedes queriendo verme feliz. Se los agradeceré de por vida.
Me pongo a pensar qué estoy haciendo acá y por qué me encanta hacer el papel de la inteligente o de la bruta.
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Action.
Las ideas se van desperdigando sobre el suelo de una forma casi meticulosa para luego colgarse en un cuadro invaluable. ¿Cómo te habrás sentido, Jackson?
Qué angustia estar parada donde estuvo uno de tus cuadros. Trágica tu muerte, gran legado.
¿Seré así cuando me muera?
Por favor, Diana, de verdad te pido que cierres todas mis redes sociales. Por favor, no era una broma. No quiero llantos, no quiero penas. Acuérdense de mí cuando estaba brillando. Acuérdense de la luz.
Alguien pensará "a Joaquina le hubiera gustado esto" o "Joaquina necesitaba postre" o "Joaquina nunca respondía el celular" o "Joaquina nunca se independizó" o "pobre Joaquina, no lo consiguió" o "Joaquina era bien graciosa" o "Joaquina leía un montón" o "no hablo con Joaquina hace como dos años" o "Joaquina era bien buena". Esas cojudeces con las que uno engrandece a las personas cuando ya no te pueden escuchar.
Una vez me enteré de un tipo que pudo, porque lo consiguió, desaparecer. Un buen día, salió de una pichanga y no lo volvieron a ver. Un pendejo, cómo lo habrá pasado su familia. Un buen día, a este tipo se lo traga la tierra y aparece en Grecia 5 años después, casado, con un hijo. Con otro nombre, trabajando en cualquier cosa. Feliz. Qué pendejo, cómo lo habrá recibido su familia. Yo lo mando a la mierda y después lo abrazo. O al revés. Cuestión es que hago notar mi molestia y luego mi amor.
En la vida real, yo hago notar mi indiferencia, luego hago notar mi amor y luego me trago mi molestia con una cerveza caliente.
Hoy, 10 de octubre, constato que las personas no estamos listas ni para escuchar la verdad ni para generar empatía ni para discutir sobre emociones. Hoy, 10 de octubre, constato que "sentir" no es algo de lo que necesitemos para seguir viviendo.
El bolo alimenticio, en mi caso, se trata de palabras atracadas en un sistema equivocado. La digestión del pensamiento es algo que deberíamos permitirnos hacer todos los días. En vez de eso, espero que sea de madrugada para llorar un poquito. Con justa razón.
Mi casa está llena de flores de varios tipos, que me hacen sonreír en las mañanas. El sol me deja las mejillas rojas, pero cada peca nueva me hace sentir mejor. Un poco de vitamina algo. Las vitaminas están bien.
Vamos a estar bien.


lunes, 26 de marzo de 2018

Toc Toc

El aire la movía en una danza interminable. Un vaivén. Solo iba bailando sin ritmo. A veces se quedaba quieta, otras veces la abría un viento fortíssimo. Al final siempre se detenía, perfectamente en el medio, con movimientos casi imperceptibles. Era como si tuviese vida propia. De hecho, la tenía. Se la ganó.
Alguna vez la miré y pensé que había que ponerle algo que la cierre, de una vez por todas. Y cuando estuve a punto de hacerlo, me daba miedo. Se abría un poquito y mi respiración se detenía esperando oír algo. Por última vez, aunque sea. Me temblaban las manos y daba un paso hacia atrás, arrepentida de haber pensado en ponerle fin al movimiento. Qué injusto. A ese ruido tanto armónico como angustiante. A dejar de ver lo que estaba del otro lado.
Hubo muchas veces que fueron la última. Puse el pié para que deje de bailar. Para que deje de señalarme, porque así es mejor. Y de pronto la tranquilidad del silencio también se convirtió en música. Y sentí que del otro lado también disfrutaban de esa canción. Y quitamos los pies al mismo tiempo. Y nos dedicamos a ver el movimiento. Esta coreografía que tanto disfrutábamos que no nos llevaba a ninguna parte. 
No quise mirar, sólo metí los dedos, luego la mano y comencé a acercar mis ojos. Todavía no sabía si me atrevería, pero mis manos se sentían tan bien. Estaban bailando la coreografía del silencio y yo quería ver quién estaba marcando el tempo. Moderato comencé a tomar la decisión. Andante, que quizás estás tomando la decisión incorrecta. Presto, antes que te arrepientas, tus manos sienten el pulso del allegro y no tienes nada que perder. Golpéala. Ábrela. Allegro prestissimo con fuoco, mientras empujaba con todas mis fuerzas.
Y miré.
Rallentando. No había nadie. La música había dejado de sonar, el intérprete había corrido a piacere. Yo tenía tanto que cantar. Entré forte y comencé a retroceder piano, pianíssimo. Morendo terminé en el lugar en el que comencé, mientras la veía cerrarse. 


Y siguió bailando en silencio. Perfectamente en el medio.

viernes, 16 de junio de 2017

Como quieras

Quiero querer a alguien que
no me quiera
regalar rosas

Quiero querer a alguien que
no me quiera
golpear con palabras

Quiero querer a alguien que
no me quiera
cambiar alguna ideología

Quiero querer a alguien que
no me quiera
besar todo el tiempo

Quiero querer a alguien que
no me quiera
tomar de la mano

Quiero querer a alguien que
no me quiera
sólo para él

Quiero querer a alguien que
no me quiera
en serie

¿De verdad quieres regalarme rosas? ¿Y si lo mezclamos con otro cliché? Si ves un poco más allá, no sólo hay un par de tetas y una actitud sumisa. ¿Perdón? Creo que eso es lo que quieres que sea, golpeándome con palabras, esculpiéndome para cambiar ideologías y transformarme a tu merced. Besa esa imagen que has creado todo el tiempo que quieras. Toma de la mano esa idea y paséala por el malecón de Miraflores. Sólo para ti. Cualquiera que mire tu escultura va a convertirse en piedra. Lo lograste, soy una muñeca. Tengo un número de serie tatuado en el culo. Gracias por hacerme perder la razón. El por qué. El quién soy. Siéntete orgulloso, esto es lo que lograste con tanto amor.

Quiero querer a alguien que
no me quiera.

lunes, 20 de marzo de 2017

En mi balcón, tormenta

Hoy está lloviendo. Lo veo por el balcón, pero las gotas que veo en mis manos no le pertenecen a la lluvia. Tampoco son fruto de este calor anómalo. Sin embargo, toco mi rostro con los dedos y me doy cuenta enseguida que lo que caía en mis manos, en mis pies, en mi ropa y en el suelo eran lágrimas silenciosas. Cavaron su propio caudal a través de mi piel, golpearon mis brazos, salpicaron en el piso de madera. Crearon un charco grande a mi alrededor. Y yo quiero parar, pero no puedo. Yo pensaba que estaba lloviendo.
La mancha grisácea que me rodea se sigue agrandando, mi vestido está empapado. Las lágrimas ya no salen sólo de mis ojos, sino también por mis dientes, mis dedos, mi pelo. Comienzo a atorarme con tanto líquido. La desesperación hace que intente tapar las fugas, pero es en vano. Mi alma está llorando. Mis pies están mojados. Mis pantorrillas, mis rodillas, mi cadera. Todo mi cuerpo. Me estoy asfixiando.
Ya no puedo ver más, todo está distorsionado por el agua que brota de mis ojos. ¿O quizás así es el mundo y la que lo transgredía era yo misma? Cómo es, pienso, cómo era todo cuando era normal, mientras me ahogo. Cómo era.

Ya no puedo respirar.

viernes, 3 de junio de 2016

Sentidos

Tu boca me robó el último suspiro. Ese que me mantenía conectada con el alma. El que me dio todo y me dejó sin nada. Sin aire, sin norte.
Tus ojos me quitaron toda ilusión que quedaba. Esa que me hacía sentir viva. La que me fue imprescindible y me dejó devastada. Sin emociones, sin palabras.
Tus manos me soltaron por sorpresa. Esas que me mantenían firme en mis ideas. Las que me endiosaron y me dejaron desnuda. Sin estima, sin importancia.
Tu olor me asaltó en el medio de la nada. Ese que percibía a larga distancia. El que me hacía sentir en casa y me tiró las maletas por la ventana. Sin recuerdos, sin destino.
Pero tus palabras… Tus palabras me dejaron sin habla.

Cuando te das cuenta que te desconoces. Que todo lo que comienza como nunca también termina como siempre. Cuando los sentidos no funcionan.

jueves, 14 de enero de 2010

Apuntes de la última página

- No hay cómo. No hay dónde.

- La lástima es el límite.

- Necesito vivir. Sólo un poco, nada más.

- Poco soy si tu te vas. No tengo nada más que desear.

- No me deseas a mí. Quieres que duerma y que sueñe. Tienes hambre.

- Sólo duermes y regalas de ti cuando te place. No piensas en mí. Si no existes, muero.

- Consíguete a alguien más.

domingo, 4 de enero de 2009

A ver si adivinas

Ahora sólo pienso en verte. Hace tanto que no hablamos. Hace tanto que no me detengo a observarte, aunque sas de los más ingratos e indiferentes. Yo sigo aquí, viéndote caer, día tras día, verano tras verano. Historias y más historias, las sabes todas. Sabes las mías y las de la humanidad, sabes la respuesta a todo, pero no dices nada. Al fin y al cabo, no me sirve saber que tú sabes, si ni siquiera lo tomaróas en cuenta. Jamás me lo vas a decir, y yo te lo digo todo como una completa demente que intenta captar los sentimientos tan abstractos y lejanos del horizonte, que veo siempre, día tras día, verano tras verano. Ni siquiera prestas atención a lo que te tengo por decir. Como si te importara. Sólo cumples tu deber de ser el compañero ficticio y aparentemente fiel al que puedo pedirle miles de deseos que jamás va a cumpir. Tengo una suerte de la que carecen otros. Yo sí observo, te observo. Aunque se burlen t me crean de otro mundo, bohemia y perdida. Y la verdad es que sí, quizás tengan razón. Sigo perdida, aún me siento perdida. No sé por dónde ir y por qué puentes debo cruzar, o qué caminos debo evitar. Tú te limitas a seguir un ciclo eterno, por el restu de tu casi infinita vida. Qué fácil es ser tú, y qué difícil es estar perdido. Aún no sé dónde estoy ni hasta dónde voy a llegar, pero creo qye es esa la magia de la vida, la incertidumbre por lo venidero, la certeza de seguir viviendo. Eso es mejor que segui un ciclo ya establcido, ni siquiera por ti mismo, sino por factores externos y leyes complicadas que quizás jamás entenderé. Conoces tantos mundos, qué envidia. Yo sólo vivo en la rutina, o escapándome de ella. Tú te sientes amarrado a una vida de por vida. Yo puedo escribir mi propia historia. Ahora debes ser tú el de la envidia fortuita. Y tú también puedes ser tan cruel. Tu apariencia apacible e inofensiva engaña a cualquiera, pero yo no encajo en esa designación. Yo no soy cualquiera. Me doy cuenta del daño que también puedes causar. Lo peor es que lo sabes y no sientes ninguna clase de remordimiento, porque no eres tú el que expone sus peligros. Es la multitud la que cae rendida ante tu majestuosidad innata y terminan lastimados. Tienes tus trucos, tus encantos. Enamoras a cualquiera, como a mí, desde siempre. Aunque sepa tanto tus virtudes como tus defectos, no puedo dejar de ceder ante tus encantos. Eres real, y la realidad ya no es cosa de todos los días. La realidad ya no existe. Eres el único que permanece totalmente como es, sin necesidad alguna de una máscara o truco que puedas esconder. Sólo desprendes magia y ternura y pensamientos y revuelves emociones una y otra vez. Pero, una vez más, tu deber está establecido y no eres nadie para cambiarlo. Yo sí tengo la potestad de crear mi propio destino con mis caidas y regresos al rumbo. Eres tú el que debería de envidiarme.

jueves, 25 de diciembre de 2008

A ver si puedes


A veces no entiendo el por qué de las cosas. Hoy no puedo dejar de partirme la cabeza intentando encontrarle sentidos a hechos actuales tan confusos, que me llevan a la conclusión de argumentar que los “por qué” no existen. Para comenzar, ¿por qué te fuiste? Todo aquí es un caos. Eras como el capitán de un barco lleno de locos, que lograban entenderse y funcionar en equipo gracias a tus sabias instrucciones. Fuiste el que plantó la palabra “armonía” en nuestra vida, pero luego de tu partida este barco, al parecer, perdió el norte. Es como si nuestra variedad de carácter y personalidades se abstenían de cualquier reacción desfavorable gracias a tu presencia. Y ahora no estás. No vas a regresar a poner orden. Te fuiste para no volver y te llevaste la calma perpetua contigo. Nos dejaste a la deriva, sin parámetros o instrucciones. Ahora es como si la calma jamás se dignara a retornar. Tengo todo tan fuera de mis manos, que termino asustándome aún más. No sé qué hacer, ni en qué puedo ayudar. Es más, siento que mi debilidad ante el desorden sólo empeora las cosas. Espero que donde estés no te lleguen las noticias terrenales. Creo que no harían más que perturbar tu tranquilidad eterna. Aquí todo está peor. Ni siquiera sé si existo. La mesura ha desaparecido, siendo reemplazada por un aura nefasta, aplacada tan sólo por mis lágrimas sigilosas. Dicen que la navidad es de los niños y, entre más crezco y más me alejo de mi niñez, veo los problemas de mi alrededor con mayor detenimiento, con mayor nitidez. No es que nunca hayan estado, es que quizás no les presté atención. Ya no soy una niña. Me estoy dando cuenta de la forma más brusca de todas. A fin de cuentas, la adultez me dio una bofetada fugaz y precisa, que hizo que mis pies y mi mente tocaran el suelo de la, cada vez más ficticia, realidad. Sé cómo me perciben, pero no sé qué errores cometo para que me subordinen de una manera tan agresiva y fulminante. A veces no toman en cuenta el esfuerzo de uno por hacer sentir cómodos a los demás, porque “la gordita” no piensa, ni sabe, ni diente. No me incomodan los papeles secundarios, ni ser un extra, con tal que mi esfuerzo y mis ganas valgan la pena. Definitivamente, no es que este el caso práctico. No sé cómo ayudar, pero sí sé que si me dejan intervenir, ayudaría y me sentiría útil, como pocas veces. No entiendo nada de lo que está pasando. Aunque está frente a mis ojos, me es difícil creerlo. Al menos sobrevivo, aunque dudando de mi existencia y mi utilidad en el mundo. Aún sueño con que algún día generaré ganancias, seré importante, me tomarán en cuenta y se arrepentirán de subestimarme. Y va a pasar en algún futuro lejano, aún permanecen mis esperanzas intactas. Por ahora tengo que ser fuerte y aprender a no rendirme. A no tener el rollo de papel higiénico en la mesa de noche “por si lloro”. Ya no más. Voy a ayudar para poder ayudarme. Voy a salir cantando victoria. Voy a salir cantando contigo.