sábado, 26 de abril de 2008

Nada me falta

Media tarde
El sol se pone
Y pasas y sonrío
Y vuelvo a mi mundo sombrío

Todo se aclara
Aunque esté oscureciendo
Porque tu estás aquí
Aquí conmigo

Y pasas y suspiro
Otra vez la ilusión
Que juega tan oportuna
Que me hiere como ninguna

Y vienes y me das la mano
Y caminamos por todos lados
No importa el silencio
Contigo mi mundo está completo

Joaquina

domingo, 13 de abril de 2008

Imagino mi camino

Está Joaquina en la vereda, cargando un montón de cosas. Camina y camina arrastrando los pasadores por todo el lugar. Pasa por la planta bonita. Se detiene a ver sus flores, porque a Joaquina le encantan esas en especial. Que pena, piensa, se acaba el sol de verano y con el las flores de la planta bonita.

Y sigue el cotidiano recorrido hacia su casa, siete largas cuadras, lo suficiente como para pensar en todo lo que ha sucedido en el transcurso del día. La caminata a veces resulta más corta, cuando hay mucho en que pensar. Cuando siente que nunca llegará a su destino, es cuando el día tuvo poco de especial.

Joaquina se tropieza y se le caen todas las cosas que estaba cargando. Se para y recoge todo mientras que se ríe sola, internada en su mundo donde ningún transeúnte existe. En ese mundo que es su mejor arma, en el que puede pensar lo que sea y reír y llorar y reír y reír.

Solo una cuadra más y será misión cumplida por hoy. Así llega la nostalgia, pero no pasa nada. Joaquina tiene muchos días más para pensar y caerse y reír y reír, porque ningún día es “un día más”, todos los días, todas las caminatas, todos los pensamientos son, y serán, siempre distintos. Nunca deja de asombrarse.

martes, 8 de abril de 2008

El tiempo

Hay tanto que pasa y pasa y no me doy cuenta. Cuando paseo en el ferrocarril a media tarde, la brisa que roza mis mejillas, el olor a pasto recién cortado, los pájaros cantando la misma canción, pero no. Todo siempre es monótono y rutinario, porque no percibo nada de lo que tengo a mi alrededor.

Camino y camino y no hay nada nuevo. La misma banca, el mismo árbol, la misma pared percudida por el tiempo. Y es eso, el tiempo, que es tan valioso y tan derrochado por mi y por todo el mundo.

No hay nada más precioso que el tiempo que se utiliza de la mejor forma. Esto es algo que, lamentablemente, descubrí recién a los 17 años de edad, 17 largos años de tiempo sin vida.

Ahora camino por el mismo lugar, el mismo de todos los días, y cada vez que paso veo algo nuevo. Algo que me incita a regresar al día siguiente. La monotonía acaba cuando te percatas de la realidad que te rodea, de lo asombroso que es observar y no solo “mirar”.

Me doy cuenta de tantas cosas que pude tener cuando tu ya no estás. El simple hecho de saludarte resultaba monótono, y ahora daría mi vida por hacerlo tan solo una vez más. Hoy son dos años de tu partida. Hoy es cuando decido recordar lo que viví y empezar a gozar lo que seguiré viviendo.

Hoy es cuando digo que no voy a extrañarte, sino que voy a verte en todos lados.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Dame aire


Hay tanto con que empezar. ¿Cuántas cosas podría mencionar? Miles, pero a ti ni una palabra. No puedo hablarte, porque no me nace hacerlo. Me gritas, me miras, cierras la puerta. Me ahogo.

Hay tanto que deshacer. Estás en la mesa, miro mi comida. Me miras otra vez. ¿Qué hago? Te paras, acomodas la silla, me quedo sola. Me ahogo.

Hay tanto que contar. Estoy en mi cuarto, tocas la puerta. ¿Todo bien? Si (como siempre). Vuelvo a mi libro, me miras pensativo, cierras la puerta. Sola, otra vez. Me ahogo.

Hay tanto por hacer. ¿Por qué no sales? Porque no quiero. ¡Anda con tus amigas! No quiero. ¿Por qué no? No quiero. Me miras triste, ya llegamos. Bajo con lágrimas que no viste. Me ahogo.

Hay tantos lugares a donde ir. ¡Vamos! No puedo. ¿Por qué? Estoy resfriada o con fiebre o no me dejan. Me quedé dormida. Nunca fui, se me pasó. Me quedo en silencio, sola una vez más, con palabras que nunca vas a escuchar. Me ahogo.

Hay tanto que escribir y tan pocas palabras para expresarlo. Mantenerme haciendo algo, eso es lo que quiere que haga. Eso es lo que estoy haciendo. Eso es lo que no quiero hacer.

Y sigo ahogándome.

martes, 4 de marzo de 2008

Quiero una estrella

Quiero una estrella. Como en el cuento para Margarita de Bayle, quiero encontrar una estrella e ir y alcanzarla, tomarla y llevármela para decorar un prendedor.

Es un poco difícil, pero quiero mi estrella. Una muy grande, blanca y que emane rayos largos de luces de colores, brillante.

¿Qué tiene el prendedor? Un verso, una perla, una pluma y una flor. Si tengo mi estrella estaría completo. El verso lo tengo, la perla también. La pluma no la quiero, la cambiaré cambiar por algo más. Quizás por un corazón, para no olvidarte nunca.

El verso, el perfecto: “me gusta cuando callas, porque estas como ausente”. La perla, algo único, representa el mar. Ese que tanto me gusta, ese donde se oculta mi estrella y donde viven tantas criaturas místicas, como sirenas y tritones.

Solo me faltas tú, mi estrella, que estas tan lejos pero tan cerca a la vez. Te puedo ver, pero no tocar. Te puedo querer, pero no tener. ¡Que suplicio! Si yo te quiero, ¿por qué tu no me puedes querer? La distancia no importa, la distancia no impide. Te voy a alcanzar, sin importar la lejanía. Voy a llegar, te voy a tener en mi prendedor para siempre.

Solo déjame llegar, permíteme tenerte.

jueves, 14 de febrero de 2008

Carta para todas por San Valentín

Hola chicas. Para serles honesta, no sabía como empezar. La verdad, todavía no se como voy a hacer para explicarles todo lo que he sentido estos últimos días. Mis dedos corren por las teclas, como hechizados, no se si lo que termine de escribir tenga algo de sentido, pero veamos, lo intentaré.

Para empezar, se preguntarán tanto como yo por qué les mando este mail, si casi no hemos hablado desde hace mucho. Incluso desde antes de abandonar el colegio. Que raro suena, ¿no? Abandonar el colegio. Todavía me cuesta aceptar que nunca más voy a usar la falda escocesa a cuadros que esta en mi cajón, ni mucho menos las medias que se chorrean, porque se les estiro el elástico. Todavía no puedo constatar que ya nunca mas voy a volver, me cuesta mucho aceptarlo.

Bueno, el propósito de este mail no es hacerles recordar el colegio, sino intentar poner en papel y tinta lo que tengo en mi cabeza. No saben todo lo que he tenido que pasar estos últimos meses, no saben la falta que me han hecho. He estado en una “crisis mental”, si se puede llamar así, porque todas las penas de mi vida se juntaron en un momento y exploté. Mi separación de ustedes fue, en parte, para que no se dieran cuenta de lo que tenía, para ahorrar problemas. Y una vez más, Joaquina Maldonado se come palabras y deja todo a su pesar. Ahora que estoy mejor, no se como no les pude contar a todas lo que tenía. No lo entiendo. No me entiendo.

Ustedes saben mejor que nadie que me encanta mi cumpleaños porque siempre hago lonchecitos y esas cosas, pero chicas, este cumpleaños fue el peor de mi vida. Si no hubiera sido por Dona, no se que hubiera hecho. Me pase toda la tarde llorando, sola, en el sillón. Era mi primer cumpleaños sin amigas. No saben todo lo que me costó articular una sonrisa y decir “bien” cuando la gente me preguntaba que tal la había pasado. Fue uno de los golpes más grandes de mi vida, no es chiste.

Ese es un ejemplo de varios que he pasado. No es que me de la razón, la estúpida aquí fui yo, no ustedes, por no poder confiar en mis amigas de toda la vida. Ahora que veo todo de otra perspectiva, ¡me arrepiento de tantas cosas! Me arrepiento de no haber ido al lonche navideño, me arrepiento de no tener fotos con ustedes en la prom y, principalmente, me arrepiento de comerme las palabras que hubieran sido tan útiles para ustedes y para mi, pero ¿saben qué? No pienso comerme las palabras nunca más. Desde ahora les voy a decir todo lo que les tengo que decir. Desde hoy voy a empezar.

Las amo. Les aseguro que no se pueden imaginar todo lo que significan para mí. Cuando han estado conmigo brillaron con su presencia, y cuando intente opacarlas ni siquiera conseguí que su ausencia deje de brillar. No saben lo importante que pueden ser para mí, ahora que lo veo todo desde arriba. No saben toda la falta que me han hecho. No saben cuanto me arrepiento de no haber estado con ustedes en los momentos finales y, sobre todo, no saben cuanto las he extrañado.

Espero que este mail les haya llegado a algunas, ojalá que después de esto podamos ser amigas otra vez. No se olviden nunca que forman parte de mi corazón, y que las necesito para que este siga latiendo. Por favor, no me olviden nunca, que yo nunca las voy a olvidar. Les deseo la mejor de las suertes ahora que empezamos un nuevo camino, un cambio radical, pero que estoy segura que todas van a poder superar.

Las adoro.

Joaquina